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¡Salud!

Ha sido esta una larga cadena de desaciertos que hoy ponen al sistema mexicano de salud en una situación sumamente delicada. Desde la creación del Insabi, instituto que vendría a absorber las funciones del seguro popular. Sin embargo, la deficiente implementación acompañada de recortes presupuestales que rayaban en lo suicida, llevó a nuestro país a encontrarse con la pandemia más grande y lesiva de la que se tenga registro

Si pudiera privilegiarse un indicador para conocer a un golpe de vista el grado de avance de una nación, ese sería la calidad de su sistema de salud, y en consecuencia el grado de atención y acceso de su población al mismo. México tiene un hondo problema en este sentido; la carencia en el acceso afecta hoy en día a un cúmulo de más de 36 millones de personas y tiende a crecer exponencialmente. Tan solo dicha cifra, comparada con el 2018, involucra a 15 millones más mexicanos que carecen de cualquier tipo de atención médica proporcionada dentro de las obligaciones del estado.

Ha sido esta una larga cadena de desaciertos que hoy ponen al sistema mexicano de salud en una situación sumamente delicada. Desde la creación del Insabi, instituto que vendría a absorber las funciones del seguro popular. Sin embargo, la deficiente implementación acompañada de recortes presupuestales que rayaban en lo suicida, llevó a nuestro país a encontrarse con la pandemia más grande y lesiva de la que se tenga registro.

La carencia se profundizó con un desabasto de medicamentos, provocado por la idea generalizada que prevalecía en el gobierno federal, sobre la corrupción auspiciada por las grandes farmacéuticas que hasta ese momento mantenían una cadena de suministro bastante eficiente. La destrucción del sistema de compras consolidadas promovió la necesidad de recurrir a servicios privados de salud que, sobra decir, lesionaron gravemente la economía familiar.

Este es un daño estructural y sistemático que permanecerá por varios años y que, desafortunadamente, implicará gastos millonarios y decisiones atinadas para su corrección. Estamos en una crisis tan complicada que, por primera vez desde que se creó el sistema de salud pública mexicano, la expectativa y esperanza de vida se redujo de manera general. Por ello, en un clima de carencias es impensable el favorecer la contratación de agentes de salud extranjeros, concretamente cubanos, para solventar una carencia que bien se puede cubrir con el capital humano calificado que se tiene en nuestro país.

En México, hay una deficiencia por cobertura en zonas rurales y de alta marginación de cerca de 28,000 médicos. Con la presencia de doctores cubanos, se suple una parte mínima de esa carencia, solamente que se hace bajo términos de contratación ventajosos y encarecidos. En contraste, en tiempo presente, más de 2,300 médicos mexicanos se encuentran disponibles y en espera de una asignación de plaza conforme a los datos que arroja la plataforma “Aquí estamos”. El gran tema respecto a ello es en qué condiciones se ofrecen las plazas, y la paga ofrecida por el servicio profesional. En ese sentido, la contratación de los médicos extranjeros solo favorece al país que los envía ya que, ni siquiera reciben directamente una paga justa.

Pero en vez de fortalecernos con entereza desde nuestra estructura interna, nos embriaga la vista el voltear al extranjero; ¡salud pues!

Twitter: @gdeloya

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A media semana Guillermo Deloya Cobián Analista en temas de política

A media semana Guillermo Deloya Cobián es oriundo de Puebla, licenciado en derecho, con especialidad en derecho fiscal, maestro en economía y gobierno y doctor en planeación estratégica y políticas de desarrollo. Actualmente cursa la maestría en escritura creativa en la Universidad de Salamanca.

Es articulista y comentarista en diversos medios de comunicación nacionales y locales, ha publicado ocho libros, además de diversos ensayos en temas que van desde lo económico, político y jurídico, hasta una novela histórica ubicada en el siglo XVIII.

Es comentarista y analista en temas de política, economía y jurídicos en ADN40.

Ha desarrollado una constante actividad docente como profesor universitario tanto en Puebla como en la CDMX.

Cuenta con una trayectoria en el sector público de veintiocho años donde ha ocupado cargos en los ámbitos federal y estatal, en la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, en la Procuraduría General de la República, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Pública, en el Consejo de la Judicatura Federal y el Gobierno del Estado de Puebla, fue Coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, INAFED, de la Secretaría de Gobernación y ha ocupado diversos cargos partidistas.

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