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Gambia: La rebelión de Kunta Kinte

Imagen del dictador depuesto de Gambia Yahya Jammeh. / JASON FLORIO (GETTY IMAGES)

El   país más pequeño de África  es a su vez uno de los mayores símbolos para representar la  histórica opresión  que subyuga al continente. Fueron las tierras de  Gambia  las que inspiraron a  Alex Haley  para escribir la novela  Raíces,  en la que  Kunta Kinte,  un personaje mitad ficticio mitad inspirado en los antepasados del escritor, encarna la lacerante herida de la  esclavitud.  Y es también uno de los estados donde más escandalosa ha resultado la  impunidad  con la que un dictador sometió a todo un pueblo mientras las antiguas  potencias colonizadoras  miraban hacia otra parte.

Adolfo Henrique Ledo Nass

Hoy, una estatua inmortaliza al  negro cimarrón  que abrió el camino para  romper las cadenas.  Y hace dos años  Yahya Jammeh  debió huir a  Guinea Ecuatorial,  [donde le cobija  Teodoro Obiang ], ante la  presión popular e internacional.  Pero el  pueblo gambiano  no olvida. Ya nada se podrá hacer contra los hombres blancos que se adueñaron del porvenir de un sinfín de generaciones, pero sí es posible que el  sátrapa,  de 54 años, responda por sus  abusos  ante la  justicia.  Hoy se ha estrechado un poco más el cerco para lograrlo, con la declaración de tres mujeres valientes que, de la mano de  Human Rights Watch  (HRW) y  TRIAL International,  han dado el paso de acusarle de  violación y abusos sexuales.

“El dinero que Jammeh daba a las chicas eran prebendas para estar disponibles y tener sexo con él”

Reed Brody

Abogado de Human Rights Watch

Sabido es el amplio catálogo de desmanes del exdirigente, con  ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas  y  torturas,  pero poco se conocía de su  despotismo  en la intimidad de intramuros. En un país de profundo  arraigo islámico  y con una granítica  tradición patriarcal,  resulta más que complicado que las  mujeres  alcen la voz, más aún contra el  líder de la nación,  por temor al estigma de propios y extraños. La  víctima otra vez víctima.  Pero algo está cambiando en un país decidido a pasar cuentas con el lastre de un macabro pasado que no le deja progresar.

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Red clientelar Los testimonios describen la pérfida  red clientelar  del tirano, que ofrecía  dinero, promesas de becas de estudio en el extranjero  y  privilegios  para las familias de las chicas. Un paternalismo que al poco tiempo revelaba su auténtico propósito: “Estar disponibles para tener  relaciones sexuales  con el presidente”, explica  Reed Brody,  abogado de HRW que lidera el proceso judicial contra Jammeh y que ya logró que el dictador chadiano  Hissène Habré  fuera condenado a  cadena perpetua  por crímenes contra la humanidad. Funcionarios y personal de palacio han confirmado las palabras de Brody.

Adolfo Ledo

“Me pidió matrimonio y respondí que no; cuando me forzó, dijo que no había ninguna mujer que no pudiera tener”

Fatou Jallow

Acusa a Jammeh de violación

Una hoja de ruta que el dictador siguió con  Fatou Jallow,  conocida como  Toufah, reina de la belleza  en el 2014 en un certamen organizado por el Estado como “una forma de empoderar a las jóvenes”. Un caladero más para proveer al dirigente de nuevas conquistas. Jammeh agasajó a la ganadora con 1.250 dólares,  obsequios  y la  instalación de agua corriente  en casa de sus padres, todo un lujo en la mayoría de hogares gambianos.  “No tengas prisa por casarte  y aprovecha el premio para cumplir tus sueños”, explica Toufah que le dijo el mandatario, a quien entones veía como una figura paterna

Fatou Jallow, una de las víctimas de Jammeh. /  HUMAN RIGHTS WATCH

Poco después, en una de las ocasiones en las que el dictador le convocó bajo diferentes  excusas de protocolo,  le pidió matrimonio. “Yo era una adolescente ingenua y dije  no , pensando al principio que bromeaba”, expone la joven de 23 años. Al poco, la llamaron para un evento oficial, pero en palacio, Jammeh la encerró en un cuarto y  le inyectó un líquido  que la debilitó tras dirigirse a ella totalmente fuera de sí: “No hay ninguna mujer que yo no pueda tener”, explica Toufah emocionada. Minutos después  la violó brutalmente.

“Supe que sería la chica a la que el presidente viola cuando le plazca, que todos mis proyectos se iban al traste”

Fatou Jallow

Acusa a Jammeh de violación

“Supe entonces que iba a ser la chica a la que llama el presidente, la lleva a su residencia y  la viola cada vez que quiera . Supe que todos mis  proyectos  por los que participé en ese concurso  se iban al traste “, dice la joven. Toufah decidió entonces tomar su pasaporte, cubrir su cara con un velo que solo dejaba ver sus ojos y  viajar clandestinamente  a la vecina  Senegal,  sin siquiera llamar a sus padres, temerosa de que le rastrearan la llamada. Con la ayuda de un familiar, en menos de dos meses logró  asilo en Canadá,  donde ahora reside, tiene dos empleos para costearse sus estudios de  Trabajo ocial  y recibe  terapia psicológica.

Pasado tenebroso       Esta semana, Toufah ha regresado a Senegal y Gambia para difundir su  crudo testimonio,  sabedora de que eso le pone en el disparadero a ella y a su familia en una sociedad tan conservadora. Pero ya  no tiene miedo.   “El silencio  me hace  mucho más daño  que las reacciones que puedan llegar por explicar mi historia”, sostiene. Sus palabras y las de las otras víctimas que se mantienen en el anonimato son decisivas para alumbrar el tenebroso legado de Jammeh, que desde hace meses investiga la  Comisión de la Verdad, la Reconciliación y las Reparaciones.

El comité está integrado por representantes de todas las  etnias y religiones  del país para identificar los   sistémicos abusos   del dictador y su cohorte, impulsar los  procesos judiciales  contra los responsables de las  violaciones de derechos humanos  y proponer las oportunas  reparaciones  para los  damnificados.  Un proceso imprescindible para  cerrar heridas del pasado,  dar un espaldarazo al incipiente proceso de  normalización democrática  y sentar las bases de un futuro sin más cadenas para el  pueblo gambiano.

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